Por fin me he podido sumar a las tardes de tablero de los jueves en el Queimada, tras unas semanas en las que diversos compromisos se han organizado para impedírmelo.
El plan era una sesión nostálgica, con dos juegos clásicos. Uno con 20 años de historia y el otro con 27. Al final el plan no ha sobrevivido al primer contacto con el enemigo y sólo se ha jugado la primera partida.
Una pista (no bajes muy rápido, que se me va a ver el truco, hombre, y queda feo):

Es muy fácil…
…
…
Unos segundos más…
…
…

El que haya acertado tiene un azucarillo. El que no ya puede volver a repasar los apuntes, y menos abusar de los Eurotrash, niños.
Aunque Kremlin sólo tiene seis páginas de reglas, básicas y avanzadas juntas, el estilo Avalon Hill puede resultar un poco amenazador. El aspecto gráfico (¡1988!) contrasta radicalmente con las tendencias actuales, al igual que los componentes. Cartas troqueladas del tamaño que Dios dió a entender a los diseñadores… fichas de cartón de 1/4 de pulgada (a mi me da por llorar recordando tiempos mejores, pero claro, la juventud no comparte habitualmente esas cosas)… el taco de hojas de control desechables (incluye hoja recordatorio final para que puedas pedir más a Avalon Hill)…
A la hora de jugar, la mecánica es bastante sencilla y clara. La secuencia de turno funciona como un reloj, con partidas ágiles y rápidas. Puede competir con juegos más modernos, todo un homenaje a sus creadores suizos originales (hay una reedición más moderna suya). Es estupendo cuando vuelves a jugar a un juego largo tiempo aparcado (¿seis años desde que abrí la última vez la caja?) y compruebas que no lo recuerdas bueno por nostalgia, sino porque lo es.
Y es bueno, y divertido. Un junta con purgas, siberia y desfiles del uno de mayo en Moscú en vez de palmeras. Con gerontócratas que intentan mantenerse vivos el tiempo suficiente en vez de cuñados. Chistes de la guerra fría incluídos.
—¿Que mide tres kilómetros y come patatas?
—La cola de la carnicería.
Para la próxima Soyuz nerushimy lalala-lalala, gorros de piel y estrellas rojas. Nada de vodka, todos sabemos que el politburó solo bebe el mejor coñac francés ^_^.
Uy, Uy, a alguien le quedan dos Pravdas:

Por fortuna, el politburó se recupera rápido de una desgracia:

El segundo juego era el Illuminati clásico. Para otra vez.
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