[...] la cintura delgadísima enlazaba el abultado pecho con la ampulosa magnificencia del bulto inferior, todo hinchazón de telas alambradas. En la jaula del miriñaque desaparecían de la vista las caderas y toda la demás escultura infracorpórea de la mujer. La moda exhibía la mitad de una señora colocada sobre la mitad de un globo.


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