Era el obispo de León, señor Abarca, absolutista furibundo de ideas y aragonés de nacimiento, con lo que basta para pintarle. De consejero áulico del rey y atizador de sus pasiones pasó a la intimidad de don Carlos y a la dirección del partido de éste, llegando a ser más tarde ministro universal de la corte de Oñate. El cura de La Bañeza se diferenciaba de su pastor en que era liberal, y se le parecía en que era aragonés. Puede suponerse lo que sería una pendencia clerical entre dos aragoneses de sotana.
Benito Pérez Galdós, Los apostólicos.
Parece que ya nos tenian bastante calados, oiga.
Tags: árboles muertos, oyendo vocecillas

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