Dos simples productos de totalitarismos industriales enfrentados, ambos convertidos en iconos pop hace tiempo. Más vistos que el TBO, vamos.
Entre estas dos versiones, vistas aquí y aquí, me quedo con la primera. Sin dudarlo. Carne de leyenda (bueno, aunque sólo sea una noche legendaría, y eso porque no la recuerdas más que a medias y de esas maneras).
Más información para rusófilos y conversos repentinos aquí.




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