April 6, 2008

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Con el último post aún dando vueltas por la cabeza decidí darme un respiro y relajarme tras una semana un poco ajetreada. Gran idea, por ejemplo, aprovechar para terminar de ver una de mis series favoritas, comprada en DVD hace un tiempo y aún a medias. Gran error, porque ya la vi hace tiempo, sé perfectamente de que va y ha sido como echar más carbón a la caldera.

La cuarta temporada de la víbora negra es, como comedia, la más floja. Sigue siendo divertida, la víbora es la víbora al fin y al cabo, pero después de la segunda y la tercera temporada, las ácidas frases de Edmund Blackadder siguen ya un patrón bien conocido. Se reduce el número de personajes y escenarios, y se concentra en tan sólo un tema.

Pero que téma. Y más para una obra inglesa. La guerra, lo absurdo de la guerra como tema abstracto, y de forma concreta la gran guerra.

Para los ingleses la primera guerra mundial sigue siendo la gran tragedia (ridícula) de su historia más reciente. Donde los alemanes han visto el drama del patrioterismo a través de Sin novedad en el frente, en ciertos momentos envejecida pero con algunas de las escenas más brutales del cine antibélico. Donde los franceses han tardado más de 80 años en revisar su experiencia de la guerra, y la han reducido a películas convencionales o a críticas tangenciales, cómo Capitaine Conan (que habla más bien del síndrome del guerrero), o varios dramas (excelentes eso si, pero que no comentaré hoy) sobre la inmediata posguerra y las secuelas de la guerra en los no combatientes. O donde han necesitado una ayudita externa, como Senderos de gloria, otra denuncia del absurdo con un leve toque de drama judicial (algo que, curiosamente, tambien se retrata en la última parte de Capitaine Conan). Donde los australianos y familia ANZAC han puesto su parte de crítica antibélica casi como añadido a otras historias (Gallípoli). Donde los americanos han contado una dura historia, pero que trasciende un conflicto particular.

Ahí, justo en el centro, los ingleses han utilizado una comedia para ponerse a si mismos patas arriba. Como sabemos hace años gracias a Pogo (lo siento, Oliver, se te vió el plumero), para el horror no nos hace falta enemigo, así que, salvo una honrosa excepción (y una espía, si es que lo era) nuestro mínimo grupito de soldados británicos se basta y sobra para dejarnos siempre un gesto amargo tras las sonrisas.

Melchett: There is, however, one small problem.
Blackadder: That everyone always gets slaughtered in the first ten seconds?
Melchett: Exactly. And Field Marshal Haig is worried that this may be depressing the men a tadge, so he’s looking for a way to cheer the men up.
Blackadder: His resignation and suicide seem the obvious answer.
Melchett: Interesting thought. Make a note of it, Darling.

El último episodio, Goodbyeee… sobresale justo cuando el resto de la serie ha dejado una sensación de dejá vu cómico. Y lo hace con el menor número de gags de todos los episodios. Incluso a pesar, o gracias quizá, a poner líneas serias en boca de personajes de los que no se espera algo asi. Al final, salvo Baldrick, todos parecen haber llegado al punto en el que el cínico capitán Blackadder ya comenzó seis episodios atrás.

Para mi, la escena final y el ending son redondos. Sólo algunas escenas de Sin novedad en el frente me han impresionado igual. Probablemente porque me ha producido uno de esos momentos en los que numerosas historias, ideas, símbolos y datos más o menos separados conectan y encajan como un puzle. No es ninguna novedad que Blackadder rebosa de guiños y referencias de todo tipo, y el final no es una excepción. Puede que sea una señal de que me interesa demasiado la gran guerra, pero prefiero pensar que es, tan sólo, otra prueba de que Blackadder goes forward: Goodbyeee… es mucho más que una serie de chistes.

Puede que me anime a escribir una crítica más en profundidad, explorando todas esas conexiones. Pero sé que me pueden llevar por lugares lejanos y alguno aún desconocido. Por hoy os dejo, simplemente, la escena.

In Flanders fields, por John McCrae

In Flanders fields the poppies blow
Between the crosses, row on row,
That mark our place; and in the sky
The larks, still bravely singing, fly
Scarce heard amid the guns below.

We are the dead. Short days ago
We lived, felt dawn, saw sunset glow,
Loved, and were loved, and now we lie
In Flanders fields.

Take up our quarrel with the foe:
To you from failing hands we throw
The torch; be yours to hold it high.
If ye break faith with us who die
We shall not sleep, though poppies grow
In Flanders fields.

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