Y al tercer día, se redesplegó (otra vez)

Comenzamos bien la semana santa, y en vez de procesiones, dedicamos el viernes santo a congelar barcelona (no, aún no hay fotos del evento, que había demasiada luz… aunque suene a excusa triste). Así que quedaba poco margen para continuar de forma convencional.

Para variar este año decidí dedicarme al recogimiento y la meditación. Tras hacer provisión de comida y botellas, resucitar al pequeño mac (que volvió a casa el jueves más sano que nunca) y desenchufar el teléfono (figurativamente hablando, que a lo mejor lamaba el casero) me dediqué durante tres días largos a algo que hacia bastante tiempo no hacía.

No, malpensados, eso no. ¬¬

Y eso tampoco, antes de que lo digais. Sea lo que sea, creo que no quiero saberlo.

Cogí la lista de proyectos personales pendientes (cada vez más corta tras sucesivas limpiezas de lastre) y comencé a hacer diagramas cutres y a teclear. Una maratón de código.

Ha sido divertido, ha sido cansado, ha sido más o menos productivo. La verdad es que no se si es la edad, la falta de costumbre, o que hace unos años los dias tenían de verdad 25 horas (o más), pero esperaba hacer más cosas. La conclusión es que picar por picar es tontería, pero si sabes lo que quieres, una de estas de vez en cuando puede dar sus frutos. Cuando saque un par más de fines de semana para completar la obra quizá pueda contar más y veais algo. Incluso a lo mejor es útil para alguno, además de para mi :-P

Puede parecer que es hacer en casa lo mismo que en el trabajo (estos informaticoooosss…), pero estaría bastante lejos de la realidad. A mi me gusta mi trabajo y la mayor parte de lo que uno hace durante el día en una consultora a duras penas puede llamarse programar, desarrollo o incluso actividad profesional (programar no es lo mismo que programar). Y además es para otras personas (cuando hay suerte y llegan a ser personas y todo). Aunque mi actual empresa no es una consultora y las cosas pintan muchisimo más prometedoras y humanas (si, otro desarrollo es posible, continuando con los tópicos), he pasado mucho tiempo al límite de odiar un trabajo que me gusta. Demasiado. Así que me lo he tomado como terapia ocupacional.

Podría haberme ido al terruño (a cualquiera de los dos) a ver familia, a la capital del reino a ver más familia y amigotes. Podría haberme colado en media docena de partidas sin moverme muy lejos de casa, o incluso, ludópata desatado, haber partido con fiber a los encuentros rúnicos en Errenteria… hasta podría haberme ido al pueblo del pueblo a comer queso y nueces y tirar fotos a los torrocos y las cumbres lejanas (tripode afanado mediante). Pero no. Lo más lejos al sofá del salón con el mac (que da el sol, caramba).

Eso si, para mantener mi cordura (y ayudar a un esforzado amigote, que excusa tan buena ;-), a proteger un tanto la suya) cada día ha incluído unas cervecitas por ahí. Que una cosa es una maraton y otra correr 42 kilómetros a palo seco.

Cuanta palabra para decir que me he pasado tres días en casa disfrutando como un crío de picar código. En fin.

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